Después que se invirtiera 387
millones de dólares de las cuales 317 representaban el verdadero costo de la construcción del Canal, ya que 40 fueron usados
para indemnizar a la Compañía Francesa, 10 en abono inicial y 20 para el saneamiento del área, fue inaugurado el 15 de agosto
de 1914.
Pero antes que esto sucediera, el 9 de agosto
de 1914 ya se había destinado más de 12 millones de dólares para la construcción de fortificaciones militares en Panamá, los
norteamericanos argumentaban que esta medida fue tomada por la inminente guerra en Europa y veían el Canal como un importante
y estratégico punto bélico y para esto se destinaron puntos en las salidas del Atlántico y del Pacífico del Canal.
La primera
área usada fue lo que se conoce como “el Vertedero de Balboa”, localizado hoy en día en el sector de Amador y
en el inicio de la calzada que lleva hacia las islas, de igual forma en el sector de lo que hoy se conoce como los fuertes
Sherman y Randolph.
En una antigua
cantera de piedra, en un área del Cerro Ancón fue instalado el Cuartel Central de Estados Unidos.
Luego fueron
apareciendo Quarry Heights, Curúndu, Fuerte Clayton, Albrook, Fuerte Koobe, Howard Field, la Base Nava de Rodman, la Estación
de Radio de Farfan, Fuerte Davis, la Reserva Naval de Coco Solo, Fuerte Gullick, France Field, los Fuertes Lesseps y Randolph
y el Campo Gaillard que dio albergue en un principio a tropas militares, en su mayoría de origen puertorriqueño y posteriormente
esta área se convertiría en el Polígono de tiro de Emperador el 8 de octubre de 1927.
Esta presencia
militar no se limito a las riberas del Canal, ya que en 1939 se iniciaron conversaciones para el establecimiento de fortificaciones
y campamentos fuera de los límites de la Zona del Canal.
Estados Unidos
identificó más de 100 sitios ideales para sus pruebas, localizados en tierra firme y en islas en las que figuraban la Isla
de San José e Isla Iguana.
Desde su
apertura en 1914 las riberas del Canal fueron consideradas como medios adecuados para la defensa del Canal de posibles ataques
enemigos.
En 1918,
el General William Sibert fue nombrado Director del Servicio de Guerra Química en Panamá y tenían como misión elaborar planes
de contingencia bélica usando pertrechos tóxicos para la defensa del Canal.
Ya para 1927
Panamá contaba con una compañía de armas químicas formada por 2 oficiales y 77
soldados dirigidos por el Mayor General Preston Brown y el cual realizó ejercicios tácticos con sustancias simuladas en la
Chorrera.
Desde 1940
Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá decidieron colaborar en el desarrollo y prueba de armas químicas en Australia, India,
la provincia de Alberta y el Estado de la Florida con el ánimo de probar sus armas en un escenario que representara el ambiente
selvático americano, el Coronel Robert Macleod inició en 1943 la selección de un lugar y al final decidió que el mejor emplazamiento
lo ofrecía la Isla de San José en el Archipiélago de las Perlas.
En noviembre
de 1943, el brigadier general Egbert F. Bullene, visitó la isla y confirmo que el lugar era el adecuado para los propósitos
que perseguían, luego el 20 de diciembre de 1943, el Cónsul de Estados Unidos hizo la petición al gobierno panameño y a los
propietarios (la firma Heurtematte & Co.) para llevar a cabo ejercicios militares
con armamentos químicos.
El proyecto
San José fue permitido por las autoridades locales y comenzó oficialmente el 6 de enero de 1944.
Se estimaba
que más de 300 mil aparatos de diversos tamaños fueron lanzados hasta 1947, con una cifra de 3 mil proyectiles y bombas existentes
con cargas químicas no detonadas en la Isla de San José y aguas aledañas.
Es a partir
de este capítulo de la historia cuando se empieza a desarrollar todo el proceso de contaminación del área canalera con agentes
tóxicos y con sustancias químicas usadas en las diferentes actividades desarrolladas por los “zonians”.
Para tener
claro el problema, primeramente hay que definir lo que significa contaminación la cual es toda presencia indeseable de formas
materiales o energéticas en el aire, el agua, el suelo y/o en la biota en concentraciones que son en algún grado dañinas para
el hombre o el ambiente. La concentración, el tiempo y el espacio donde se manifiesta, determina la intensidad o la magnitud
de la misma.
Las pruebas
realizadas en la isla de San José no se circunscriben sólo en ésta área, sino que muchos otros sitios también fueron usados
para diversos fines como por ejemplo Río Hato, emplazamiento aéreo en el cual se depositaban las municiones para luego partir las misiones de bombardeo al Archipiélago de las Perlas e isla Iguana, respectivamente.
Se han hecho
muchos estudios en las bases dejadas por los norteamericanos y se concluyó que las sustancias dejadas por los militares al
cerrarles, eran los causantes de las enfermedades por sus contaminantes, con la particularidad de que podía concentrarse en
el ambiente y sus efectos tóxicos permanecían residualmente durante varios años en las paredes de los edificios, en los pisos,
en la tierra o se disolvían sin desaparecer, en las aguas de los ríos, lagos y mares.
Por casi
90 años los norteamericanos permanecieron en nuestro país en donde llevaron a cabo prácticas de todo tipo con municiones de
diferentes calibres, lo cual significa que en estas áreas quedaron proyectiles fallidos, es decir, que no detonaron; fue así
como Fuerte Clayton se convirtió en la primera instalación militar en realizar o llevar a cabo pruebas sobre la efectividad
del gas mostaza en seres humanos, además de haber servido como cuartel central del Centro de Pruebas Tropicales (T.T.C.)
Posteriormente
el sendero Chivo-Chivo, Curúndu y France Field fueron sitos de pruebas y abandono de armamentos químicos desde 1941 hasta
1956. Fuerte Gullick, los campos aéreos de Albrook y Howard y sectores de paraíso y Corozal también albergaron municiones
no convencionales en 1941.
Se cree que
en los polígonos de Balboa y Emperador (Empire) se usaron minas cargadas con agentes nerviosos VX y que en la boca del Río
Chagres se constituyó un área para rehabilitar los envases de remanente químico del Proyecto San José.
La presencia
de misiles de artefactos químicos no detonadas en nuestro país, no puede ser tratado como un incidente sin trascendencia y
cuyo olvido deliberado pudiese favorecer las relaciones internacionales con las naciones culpables de la dañina contaminación.
Tenemos el
absoluto derecho de exigir totalmente el saneamiento por parte del ejército de Estados Unidos, debido a la proximidad de algunos
polígonos de tiro a nuestros centros urbanos más importantes (Balboa Noroeste y Suroeste Emperador).
Recientes
publicaciones revelaron que los sitios de Cerro Tigre, Chivo-Chivo, Curúndu, Fuerte Clayton, Río Hato, France Field, los campos
de tiro de Emperador y balboa Oeste, Isla Iguana, Fuerte Sherman, Fuerte Gullick, Albrook y Howard Fiel, ciertos sectores
de Paraíso y Corozal y las aguas en los alrededores de la Isla de San José en el Archipiélago de las Perlas también habían
sido empleados como laboratorios de campo para pruebas químicas de toda clase por parte de los Estados Unidos.
Ahora bien,
hay que distinguir entre armamentos comerciales y sustancias químicas de destrucción masiva, las primeras son las áreas que
se usan comúnmente en cualquier enfrentamiento bélico y las segundas son áreas realizadas para efectuar bombas que serán usadas
en enfrentamientos.
Un tema interesante
más peligroso para con el medio ambiente nacional es la presencia documentada de pertrechos químicos en Panamá.
En la Convención
de Armamentos Químicos firmada en parís el 12 de enero de 1993 y de la cual Panamá toma parte ratificada desde el 7 de octubre
de 1998, se establece que cualquiera sustancia gaseosa, líquida o sólida cuyo empleo produzca la muerte de seres humanos y
animales estará prohibida, su fabricación, almacenamiento y autorización como elemento bélico por cualquiera de las 169 naciones
que se han adherido al pacto.
Los principales
grupos de elementos prescritos en dicho documento son los Agentes Nerviosos,
Mostaza y El Cianuro de Hidrógeno, el Cloruro Cianógeno y los derivados del Arsénico.
Los Agentes
Nerviosos: son los más
peligrosos del arsenal químico y son llamados así porque actúan en contra del sistema nervioso central de cualquier ser vivo,
tienen la fama de contar dentro de su grupo con los elementos más tóxicos que han podido ser sintetizados por el hombre. Una vez que fueron descubiertas sus propiedades por científicos alemanes a principios
de los 30`s, estos compuestos de fósforo orgánico han ido evolucionando desde el tabún, el cual fue usado por primera vez
en la Segunda Guerra Mundial, luego surgió el Sarín y sus diferentes formas hasta concluir con la producción de los altamente
peligrosos y letales agentes VX, químico tan letal que sólo basta 100 mg/m3 para que una persona adulta empiece a babear,
vomitar, desarrolle convulsiones, asfixia, coma y posteriormente la muerte en un minuto, luego de haber sido expuesto a las
antes mencionadas dosis.
El segundo
grupo son compuestos por los Agentes Mostaza, llamados así por el peculiar olor que emanaba de ellos durante su fabricación,
y fueron empleados durante la parte final de la Primera Guerra Mundial. Pero un año antes de entrar en la Segunda Guerra Mundial,
el ejército norteamericano disponía en nuestras tierras de 84 toneladas de gas mostaza (dicloro etil sulfuro) y 10 toneladas
de fosgeno, armas químicas que a partir de 1941 fueron almacenadas en seis lugares distintos: Paraíso, Fuerte Clayton, Fuerte
Gullick, France Field, Albrook y Howard Field.
Los agentes
mostaza son menos tóxicos que los agentes nerviosos ya que se estima que se necesita 1000 mg/m3 para matar a un ser humano
normal; estos compuestos se basan principalmente en combinaciones de cloro y azufre. Al ser inhalados producen daños en el
sistema respiratorio y otros órganos internos.
Si se produce
el contacto con el cuerpo generan la formación extensa de ampollas cutáneas de difícil manejo y el posterior deterioro del
sistema ocular.
Se cree que
durante la guerra entre Irán e Irak (1979-1988) los agentes mostaza fueron responsable del 20% de los más de 5,000 miembros
y 40 heridos iraníes, producto del uso de bombas químicas por parte de Irak.
Dentro de
este grupo puede encontrarse el Agente Naranja (dioxina) el cual es una de las sustancias más tóxicas que el hombre haya podido
sintetizar, esta sustancia esta presente en el herbicida 2-4-5-T, es desfoliados y fue usado en la Guerra de Vietnam en grandes
cantidades.
Con respecto
a este compuesto en el diario nortemaricano”Dallas Morning” fue publicado el relato de la señora Pamela Jones,
la cual viuda de soldado Donald James, un especialista en telecomunicaciones y que según su esposa, fue expuesto al Agente
Naranja en nuestro país cuando portaba servicio entre 1971 y 1974 y como consecuencia de ello murió de un linfona cancerosa
del tipo que se produce al ser expuesto una persona a esta sustancia.
Posteriormente
a esto en una audiencia en Norteamérica, Charles M. Barlett, ex-oficial de operaciones para la investigación del ejército
estadounidense en Fort Deitrich en Maryland, declaró que varios cientos de barriles de 55 galones de Agente naranja se habían
enviado a Panamá al Fuerte Clayton en principios de los años 60`s para realizar pruebas; otra persona, empleado de esa época,
declaró que había sido testigo del rociado del agente naranja en Panamá en una extensión
de 4 hectáreas localizadas cerca de las exclusas de Gatún.
El tercer
grupo de tóxicos lo conforman en Cloruro de Cianóngeno y el Cianuro de Hidrógeno, foco usado por su inestabilidad
y corta vida en el medio ambiente y solo se tiene información o solo se sabe
que fueron usados por Irak en la Guerra contra Irán, además de las luchas intensas que sostuvo en 1930 contra la población
kurda el norte del país.
El cloruro
de Cianógeno (CK) es una sustancia no menos peligrosa que las otras y traduce irritación en los ojos y las vías nasales, paraliza
el sistema nervioso central, lo que lleva a la muerte; el cianuro de hidrógeno (AC) produce mareas, asfixia, convulsiones,
parálisis del sistema nervioso y la muerte de manera instantánea.
Lastimosa
y desgraciadamente estos tres grupos de elementos altamente tóxicos fueron almacenadas, expuestos al medio ambiente tropical,
detonadas y abandonadas aún activos en varios sitios de tierra y mar en Panamá.
Cuando se
desclasificaron el 3 de mayo de 1993, documentos secretos que expresaban las labores realizar con áreas químicas por parte
de Estados Unidos en tierras panameñas, se pudo conocer que en 1930, cinco años después de que Estados Unidos firmara el Protocolo
de Ginebra, el cual obligaba a los países signatarios a no utilizar gases asfixiantes armados, el ejército estadounidense
poseía en tierras panameñas una compañía química militar compuesta por 77 bajo el nombre de 2 oficiales, compañía que producían
agentes químicos-tóxicos que eran almacenadas al aire libre en Cerro Tigre, Paraíso y Summit.
Se sabe que
en julio de 1941 se realizaron experimentos en la base Clayton para conocer los efectos de algunos gases sobre seres humanos.
A partir
de enero de 1944, los estadounidenses llevaron a cabo pruebas las cuales denominaron: “ensayos de guerra” en la
isla de San José.
Informes
revelan que en la Isla de San José se realizaron más de 130 pruebas con un armamento químico y que en algunos casos se usaron
personas para conocer sus efectos, sólo se sabe de 18 resultados; se calcula que en la isla se lanzaron 31,267 municiones
de acuerdo a un promedio oficial, un 10% no explotan, lo que quiere decir que unos 3,126 proyectiles no explotaron.
En un principio
se pensaba que por degradación el peligro de las bombas desaparecería, pero debido al hallazgo, por parte de personas de la
localidad, se llegó a la conclusión que esto no es cierto, puesto que estos proyectiles una vez que penetran la capa arcillosa
existen bajo la superficie terrestre.
Para 1946
el ejército estadounidense, en conjunto con la fuerza área de ese país programaron un recorrido sobre la isla Iguana frente
a Pedasí.
Otras sustancias
peligrosas como el Tricloro Metano, el Tricloro Etileno, los Órganos Clorados, los Órganos Fosfatados, el Tetraetilo de Plomo,
el Dinitro Tolueno, el Pentacloro Fenol, los Asbestos, el Agruilo Nitrilo o Cianuro de Vinilo, el Bencenio o Benzol que es
usado para la fabricación de explosivos, como aditivos para la Gasolina y Combustible para los aviones en proporción de 1.8
a 5% en volumen y los Bifenilos Policlorados (PCB`s) por ser poco inflamables fueron usados de forma frecuente y extensiva
para aislar y enfriar transformadores; son algunos de una larga lista de contaminantes que se usaron en todas las bases como
disolventes de grasa, desangradores, plaguicidas o fungicidas, los cuales algunos pueden filtrarse en los suelos y llegar
hasta la capa freática y contaminar las aguas subterráneas, comprobándose así que son sustancias cancerigenas y productoras
de trastornos en el sistema circulatorio, nervioso y de la médula ósea.
Ya para 1964
existía en la Zona del Canal, el Centro de pruebas tropicales (TTC, por sus siglas en inglés) que probablemente experimentaba
en los campos de entrenamiento militar con productos neurotóxicos; una evidencia de ello fue el hallazgo, en el polígono de
Emperador en agosto de 1999, de un recipiente de gas sarín; según fuentes estadounidenses se supo que en Panamá se había experimentado
en un compuesto químico llamado TEBUTHIURON, el cual tenía un efecto destructor sobre la coca, pero el fabricante del producto
advertía que contaminaba las fuentes de agua y representaba un peligro para la población humana.
Este centro
(TTC) estaba autorizado, mediante el numeral 1 del parágrafo a de un acuerdo firmado el 7 de septiembre de 1977, para realizar
“PRUEBAS PARA DETERMINAR LOS EFECTOS DEL TRÓPICO” pero un aspecto se debe tener en cuenta, no se especifica que
tipo de pruebas: ¿biológicas?, ¿químicas?, ¿nucleares?, ¿físicas?, ¿ambientales?, no se sabe que tipo de pruebas realizaron
los norteamericanos en nuestras tierras.
Hoy día parece
haberse superado la experimentación con armas químicas sobre los seres humanos, pero
por más de 20 años, el Departamento de Defensa de Estados Unidos o a sus
contratados le era permitido usar sin restricciones a ciudadanos norteamericanos como “conejillos de indias” en
pruebas de agentes químicos o biológicos, esto estuvo vigente en el código norteamericano en su título 50, capítulo 32, sección
1520; pero, por una fuerte protesta y oposición se aprueba la ley 1119 la cual en su sección 1078 prohibe al Departamento
de Estado, ya sea directa o indirectamente poder realizar pruebas con agentes químicos o biológicos en seres humanos, pero
si se obtiene un consentimiento de la persona, puede realizar dichas pruebas.
Por más de
80 años estuvieron los norteamericanos realizando pruebas en ciertas áreas de la ribera del Canal, pero no sólo de ellas,
sino que adiestraron a componentes de los ejércitos de otros países, entre ellos latinoamericanos que venían a adiestrarse
en la Escuela de las Américas.
Quizá hoy
día, esas áreas de práctica no son lo que hoy día conocemos como los campos de tiro de Emperador, Balboa Oeste, piña e Isla
Iguana, ya que los norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial establecieron bases militares en diferentes puntos de
la geografía nacional, como fueron Punta Paitilla, Pacora, Chorrera, Chame, Río Hato, entre otros.
Y con el
argumento de que es muy difícil su remoción y que no existe una tecnología adecuada para realizar el trabajo de descontaminación
debido a lo quebrado y escabroso de los terrenos de los polígonos de tiro sin dañar la ecología del lugar y sin poner en peligro
la vida de las personas que realizan la labor, las tropas norteamericanas no
llevaron a cabo una limpieza adecuada antes de revertirnos los terrenos en donde están o estuvieron las bases militares, las
viviendas con tuberías de plomo, paredes de asbestos, los depósitos donde acumularon diversos tóxicos, plaguicidas, desfoliadores
como el agente naranja, los laboratorios de experimentaciones biológicas y químicas y la mayoría de las instalaciones que
comprenden las áreas de coordinación militar de las bases.
El tema de
la limpieza de los polígonos de tiro y de las bases en general va mucho más allá de las simples actitudes políticas –
servilistas de nuestros gobernantes, que lo único que han podido es rogar, implorar a Estados Unidos para descontaminar nuestras
tierras cosa que no debieran hacerlo, puesto que es obligación de Estados Unidos el sanear dichas tierras.
Tocará a
las autoridades pertinentes “exigir” el saneamiento de las antiguas bases militares y de las otras áreas utilizadas,
claro está con la ayuda del pueblo y de las masas se podrá realizar esta ardua pero no difícil labor.
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